¿Cómo elegir a quién confiarle tu desarrollo?

A lo largo de estos años tuvimos la oportunidad de encontrarnos con proyectos de todo tipo de tamaños, rubros, presupuestos y enfoques de los cuales nos sentimos orgullosos de haber sido parte. Pero también, como es evidente, muchos otros se quedaron solamente en propuestas y no fuimos nosotros los elegidos para la ejecución final.

El hecho de que confíen en nosotros o de que finalmente elijan otras propuestas nos lleva a una permanente reflexión:

  • ¿Cuáles son nuestros puntos fuertes o los puntos en los que tenemos que seguir mejorando?
  • ¿Qué es lo que el cliente valora de nuestro trabajo o dónde tenemos que sumar más valor?
  • Más allá del trabajo final, ¿qué es lo que el cliente se lleva de todo el proceso?

Lo que sí podemos adelantarte es que no hay “propuestas buenas o malas”. Una propuesta es o no de valor cuando va en línea de lo que estás buscando y de tus expectativas y, así como en el mundo personal siempre existe “cada quién para cada cual”, en el mundo del desarrollo también existe “un tipo de empresa para cada tipo de proyecto”.

6 puntos a tener en cuenta

Según nuestra opinión sigue siendo un poco impredecible el comportamiento de las personas a la hora de contratar servicios tecnológicos y, como en todo rubro, en este también existen todo tipo de calidades, profesionales y presupuestos. Es por eso que queremos compartirte algunos puntos que desde nuestro punto de vista consideramos importantes a la hora de elegir con quién trabajar tu proyecto tecnológico.

Es importante aclarar que en esta ocasión no vamos a hablar del “tipo de tecnología” a ser utilizada, sino de otras cualidades y características que se sobre la mesa a la hora de tomar tu decisión:

1. Identificar el tipo de desarrollador

  • Freelancers: profesionales independientes, normalmente ya de categoría senior con una buena experiencia previa y que conocen “un poco de todo”.
  • Software factories: empresas con una gran cantidad de desarrolladores, donde la cotización es por hora (por funcionalidad).
  • Empresas boutique y especializadas: tienen perfiles multidisciplinarios dentro del equipo y trabajan con pocos proyectos en simultáneo.
  • Empresas que vuelven a tercerizar el servicio de desarrollo, que no precisamente tienen capacidad técnica sino que actúan como nexo entre el vos y el desarrollador.

Como toda decisión comercial, elegir a tu desarrollador es una apuesta que se tiene que hacer; a veces se elige bien, y otras veces se aprende. Cada tipo tiene sus pro y sus contra: están organizadas de forma distinta, manejan diferentes tiempos, precios, etc.
 

2. Identificar el tipo de solución

Para que un desarrollo tecnológico cumpla con su propósito tiene que poder brindar una ayuda real y no terminar siendo la piedra en tu zapato. Para guiarte con esto, podemos hablar de 3 características principales que tiene que tener la solución

  • Complejidad: qué tan sofisticado es el proyecto, qué conocimientos o especializaciones se necesitan.
  • Calidad: qué tan bien construido necesitás que esté. ¿Es algo definitivo o se debe poder seguir ampliando e incorporando futuras mejoras?
  • Rapidez: en cuánto tiempo tiene que estar listo, qué tan minucioso son los detalles y especificaciones.

Para hacerte este planteamiento más sencillo, te sugerimos que te preguntes si es que el proyecto que estás a punto de emprender tiene una visión a corto, mediano o largo plazo.

3. Identificar la capacidad

Al decir “capacidad” nos estamos refiriendo a las cualidades de los profesionales que van a estar acompañándote en la co-ideación y desarrollo técnico del proyecto. Para esto, es importante que tengas en cuenta puntos como:

  • Trayectoria: los años de la empresa en el mercado, que suelen ser un factor de credibilidad y confianza.
  • Experiencia: la cartera de clientes, que es parte de la reputación y respaldo de un trabajo de calidad.
  • Conocimiento: la experiencia que tienen en el rubro, que normalmente suma con criterios más claros y efectivos.
  • Multidisciplina: la mirada desde varias perspectivas, que siempre regala un abordaje integral del trabajo.
  • Certificaciones: el aval que asegura la aplicación de ciertos procesos o prácticas durante el proyecto.

4. Identificar cuánto deberías pagar

Lo económico no puede faltar dentro de los factores que tienen peso en la decisión, y el precio determina (aunque no siempre) otras variables como:

  • Versatilidad en las funcionalidades
  • Rapidez en los plazos de entrega
  • Mayor capacidad de respuesta, por la asignación de mayores recursos humanos
  • Agilidad en la comunicación y aplicación de feedbacks

A esto le podemos sumar un plan de pagos donde tanto el que paga como el que trabaja se sientan cómodos, y donde los desembolsos sean razonables según los entregables presentados.

5. Identificar la asistencia posterior

Si bien es algo que se da una vez que te entreguen el trabajo, es bueno tener claridad desde el inicio qué  qué cosas vas a poder hacerlo por tu cuenta, y cuales vas a depender de tu equipo desarrollador. Idealmente debería ser la combinación de ambas opciones.

6. Identificar qué tan alineado/a buscás esta

El trabajo final es importante, pero si en el proceso podés compartir filosofías de trabajo, creencias y valores, no solo vas a estar trabajando con un “proveedor”, sino que estás construyendo una relación de alianza desde el inicio.

El entender y sentirse entendido es clave, y eso a veces se refleja en detalles casi insusceptibles. El “cómo lo hicimos” es a veces más importante que el “qué hicimos”.

👉🏼 EXTRA TIPS

Todos los puntos anteriores están estrechamente entrelazados unos con otros, y si aún habiendo analizado todo lo anterior, todavía no podés decidirte por una propuesta o por otra:

  1. La clave está en determinar qué tan importante es para vos el proyecto y qué beneficios te va a traer más adelante; entender cuál es el verdadero valor de tu proyecto y cuánto realmente necesita de tecnología. Eso te va ayudar a decidir si vale o no la pena invertir más energía, tiempo y dinero.
  2. Hay veces que la primera impresión, algún detalle que te gustó, alguna referencia que pudiste ver o el equipo que está detrás te dan la corazonada que te muestra tu preferencia y suma el punto ganador. Hacele caso a tu intuición.

     

     

La mayoría de las veces el problema no está en la propuesta, sino en las expectativas en general. Así que, si estás en el dilema de elegir a quién, esperamos que esta breve reseña te sea útil.

Darte cuenta que tomaste una mala decisión y querer cambiarte a la mitad del proyecto, o intentar encauzar un proyecto mal construido, a veces cuesta mucho más recursos que esa “diferencia” que pensabas que te ahorraste por elegir el presupuesto más bajo.

Tené bien claro lo que tu proyecto necesita y vas a tomar una decisión acertada.

 
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